CENTRO CULTURAL DE AUCAR / 2004

Equipamiento

Arquitectos /Edward Rojas /  Jonás Retamal.

Lugar / Aucar / Quemchi / Chiloé

Superficie /196m2

Costo /16 uf x m2

Constructores / Conjunto Folclórico Aucar

El Conjunto Folclórico Aucar nació en el lluvioso mes de Julio del 85, con el sueño de cultivar música folclórica chilota, de tener instrumentos, trajes y un espacio propio de 6×5, donde bailar y cantar las periconas, sirillas y resfalosas, legadas por sus mayores. Un espacio donde crear también sus propias composiciones y nuevas coreografías.

Hoy lo componen 15 personas, 7 hombres y 8 mujeres, que tienen entre 6 y 50 años, Alfonso Paillaleve es el director artístico y en la casa de su hermano Jaime Paillaleve se realizan los ensayos, con la cocina a leña encendida bajo una lluvia incesante o bajo el rutilante sol, que pone en exaltación, el paisaje que se ve por la ventana, que es un extracto del Chiloé que tanto quieren, la Isla de Aucar que flota en un mar azul profundo, delante de la Cordillera de los Andes que toca el azul del cielo y después cae al mar.

Aucar, la Isla de los Muertos con su blanca Iglesia dos veces centenaria y su cementerio, la Isla de las Almas Navegantes como la llamó Francisco Coloane, la del cura Montealegre que construyó la pasarela de madera de 500 metros, que está que se viene abajo, al igual como se mueren las plantas y los colores de la Isla de las Flores como también se la conoce.

El Obispo de Chiloé Monseñor Juan Luis Ysern, incansable defensor de la cultura chilota, los incentiva asumir la misión de rescatar, junto con la música, la esencia de la tradición, que se traduce en la reconstrucción del puente y del jardín.

Su trayectoria artística y su interés por la cultura y el medio ambiente, los hace acreedores de un premio del PNUD de US$ 800 que inmediatamente destinan a concretar el sueño, que a estas alturas del partido había crecido, la idea que acariciaban ahora era la de construir el Centro Cultural de Aucar.

Uno de los integrantes del Conjunto cede un terreno de 600 m2 sobre un lomaje cubierto de helechos y nalcas.

El dinero del premio les alcanza para la estructura, el techo, el piso, parte del revestimiento y la mano de obra. El antropólogo y concejal de Chonchi Martín Cox nos cuenta esta historia y nos pide colaborar en una suerte de Minga con esta iniciativa, aportando el diseño.

Tomamos el sueño entonces, y lo situamos en el lomaje y frente al paisaje, esta vez convertido en platea y escenario, donde el giro del baile y el sonido ancestral de zapateos, de bombos, acordeones y guitarras, son el motivo del diseño que retumba y vibra con la música, al igual que tablas, tejuelas, convertidos en el espacio que acoge con su arquitectura, también nuestros propios sueños.

El lucernario que había sido el sentido principal de nuestra obra en los 90, gracias a una nueva mirada es hoy la inflexión de la cumbrera que atrapa el sol de la mañana, así como las ventanas atrapan la isla que se ve renovada, por la propia voluntad de los vecinos.

El Gran Salón construido por el giro de los cuerpos y de las miradas de los bailarines, es para el ensayo y las representaciones y es también, una gran nave de madera ancestral y moderna, que acoge el dormitorio de los músicos invitados y la cocina tradicional que es fundamental para freír las empanadas y los milcaos en las fiestas.

Nave espacial y terrestre construida con las maderas extraídas de un bosque siempre verde y con una tecnología arcaica que en este siglo sigue vigente. Obra que impone al viento Norte su proa y opone al viento Sur su popa, para acoger un fogón contemporáneo, donde uno de los músicos da vuelta y vuelta el asado de cordero al palo que llena el espacio de aromas deliciosos, los que se unen a los sonidos de las acordeones y del vals, el que se escucha en este beneficio de domingo que se hace, en el Centro Cultural Aucar en construcción,  para pagar la mano de obra del maestro mayor, don Carlos Barría de solo 21 años, egresado del Politécnico y su ayudante, que con mano diestra y con el trabajo voluntario de todos los miembros del Conjunto y la supervisión de los arquitectos fueron dando forma real a planos y maquetas, alcanzando  el milagro, de hacer material y esencial aquello que soñaron diecinueve años atrás los fundadores del Conjunto, mientras caía una lluvia suave y lenta allá en Aucar.